SALMO DE BÚSQUEDA
Mi corazón, Señor, se siente insatisfecho. Yo busco libertad y amor;
busco verdad y belleza; busco la paz y la justicia…y mi corazón no te
encuentra.
Como busca la cierva el agua cristalina así mi alma te busca a ti, Dios
mío.
Mi corazón tiene sed de ti, Dios vivo; ¿cuándo serás tú mi verdad y
belleza, mi libertad y mi paz?
Yo te busco con sinceridad y pasión, con dolor y cansancio, y muchas
veces me quedo solo, como un chopo en el camino. Y leo en el rostro de los
hombres como un desafío: “¿Dónde está tu Dios?”.
Recuerdo cuando era niño y mi corazón llegaba hasta ti como la ola a la
playa. Recuerdo cuando mi corazón era puro y cantos de júbilo y fiesta se
levantaban desde dentro de mí hacia ti.
Y ahora, Señor, quiero desahogarme y no puedo, mi corazón se angustia;
me siento turbado. He perdido la paz, y la alegría no me acompaña. No puedo
decir de verdad: soy feliz. Con todo, yo espero en ti.
Tú volverás a ser el manantial de mi vida y mi corazón volverá a
sentirse cercano.
Tú eres, aún en la tiniebla, la luz de mi rostro, Señor. Caminaré de
día hacia ti,
buscando tu misericordia. Y de noche, cuando todo parece que ha muerto,
te cantaré en mi corazón como el Dios de mi vida.
Señor, Dios mío, ¿por qué parece que me olvidas? ¿Por qué ando triste,
angustiado,
queriendo buscar en otras cosas la felicidad para mis días?
Aunque te busque a veces solo, aunque me sienta fatigado en la
búsqueda,
aunque los otros pasen indiferentes a mi lado, aunque se rían y me
griten diciendo: “¿Has encontrado ya a tu Dios? Dinos cómo es tu Dios”. aunque
me quede perdido en un inmenso desierto, Dios, Dios de mi salvación, seguiré buscando tu rostro.
Dame serenidad, dame tu paz, que en mi corazón y en mi mente haya
armonía,
unidad. No me dejes caer en la mentira y entramparme. No me dejes
disperso y perdido. Sálvame, Señor, del hombre sin conciencia, del hombre
violento y que ha perdido el sentido del bien.
Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta ti,
que eres el Origen de mi vida. Quiero
que tú seas mi morada, que seas el Dios de mi gozo y de mi alegría.
Te doy gracias con el corazón, Dios, Dios mío.
Señor, que mi corazón no se deprima ni se angustie. Señor, yo espero en
ti, pues eres mi Dios. Te busco sediento, como la cierva el manantial. Te busco
porque tú eres la Verdad de mi verdad, y el Amor de mi amor y la Belleza de mi
belleza, y la Libertad de mi libertad.
Te busco a ti, Señor de mi vida.

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