lunes, 25 de abril de 2016

Bienaventuranzas

                  Plegaria de las bienaventuranzas.



Sentados en la montaña, dejabas caer palabras últimas, como renacido decálogo neotestamentario.

Hoy, Señor Jesús, Cristo de la verdad, de la luz y del amor, 
me acerco a esa montaña magistral 
para escucharte y dar vueltas a tus palabras en mi corazón.

-Temo una pobreza sin subterfugios,porque no comprendo la riqueza de la donación…
-Miro con recelo toda aflicción, pero es que no experimento la serenidad del consuelo…
-Soy violento, hombre de espada y golpe bajo, y así… ¿pienso alcanzar un lugar digno en la tierra?...
-Hambre y sed de justicia me dan pánico;entonces no me siento saciado, al revés, vacío..
-Soy duro, inmisericorde, intransigente,y, sin embargo, exijo toda la misericordia para mí…
-¿Conozco la auténtica sinceridad de corazón?¿Por qué, pues, me quejo de no descubrir a Dios?...
-Me da miedo ponerme a trabajar por la paz,pero deseo llamarme, sin motivo, “hijo de Dios”…
-Nadie me persigue por mi fidelidad radical,y así me siento poseedor del reino de Dios…
-¿Me persiguen, insultan y calumnian por tu causa?¿Cómo, pues, miro hacia adelante satisfecho?...

Estos “criterios de dicha”, Señor Jesús,no son para el más allá, como se piensa;
son para el más aquí (como tú querías).
Son para existir según tu propia mentalidad.
Son los criterios evangélicos.
Son tu persona hecha palabra.

Te pido pobreza enriquecida.Te pido aflicción consolada.
Te pido pacificar la tierra para heredarla. 
Hambre y sed de justicia te pido, para ser saciado.
Te pido ser misericordioso para alcanzar misericordia. 
Déjame ser sincero de corazón porque deseo ver a Dios.
Haz que trabaje por la paz, para llamarme “hijo de Dios”. 
Te pido valentía para que me persigan por la fidelidad y así poseer el reino de Dios.
Que soporte insulto, persecución y calumnia por tu nombre,  para tener una gloria donde encontrarme contigo.

Señor Jesús, Cristo magistral del monte bienaventurado, imprime estos “criterios de dicha” en mí.
Permite que descubra la satisfacción del riesgo,que es la única actitud válidamente cristiana.
Haz que toda la vida, aunque me cueste, me siente en la falda de la montaña,
ponga mis ojos en tus ojos y escuche tus palabras, palabras de vida eterna.





EL HOMBRE EN FRACASO

“Si afirmamos no tener pecado, nosotros mismos nos extraviamos y además, nos llevamos dentro la verdad.
“Si reconocemos nuestro pecado, Dios que es fiel y justo, nos perdona y nos limpia de toda injusticia”
                                       (1 Juan 1, 8-9)


Seres humanos sedientos, con ansias profundas de ser distintos, de encontrarle un sentido pleno a la vida; seres humanos insatisfechos, intentando una y otra vez una vida más radical… eso somos, eso soy yo, un ser humano con sed.

Pues bien, desde esa sed profunda de quien sincera y honestamente quiere vivir en plenitud, desde la insatisfacción honda de quien quiere ser más, desde esa perspectiva se entiende el fracaso del hombre.
Sí, porque yo puedo fracasar, porque yo puedo fallar.

Yo fracaso cuando dejo de tener sed o cuando la oculto. Cuando me hundo en la comodidad y en la inconciencia; cuando no me dejo interpelar por la mirada del pobre; cuando no me cuestiono mi manera de vivir, cuando me acostumbro a todo, al problema familiar, a la utilización del otro, a la relación superficial, a la sociedad, al aburrimiento, al complejo, al rechazo; cuando eso hago, niego mi sed, me resigno a ser mediocre. Así satisfecho, renuncio a mi sed y fracaso como ser humano.

Pero también fracaso cuando calmo mi sed profunda de ser más con vaciedades. Cuando oculto mi insatisfacción llenándome de cosas, de gustitos, de caprichos, de personas a quienes uso o de quienes me dejo usar, cuando escondo mis más profundos anhelos debajo de la basura que me da el ambiente y que aunque es basura me gusta… cuando esto sucede, calmo equivocadamente mi sed y empieza mi fracaso.

Digo NO a la vida, NO a ser distinto, NO a ser auténtico.

Y esto es el PECADO.


Pecado es una palabra manoseada, mil veces dicha y que ya poco o nada significa. Incluso, hasta me suena mal.

El problema es que durante mucho tiempo se nos ha hecho pensar que el Pecado es faltar contra una ley establecida, no cumplir unas normas.

Pero no, el Pecado no es dejar de cumplir normas.

Pecado no es un problema de normas, es un problema de amor, es un problema de vida humana auténtica.




Pecar es renunciar a tener sed.
Pecar es sentirme satisfecho en mi mediocridad.
Pecar es dejar de luchar, es no buscar ser más, es no querer entregarme más, es negarme a amar más.
Pecar es renunciar a vivir auténticamente.

Pecar es buscar calmar mi sed con las cuatro bagatelas que me da el ambiente consumista; es negarme a buscar el sentido de mi existir.

Pecar es preferir seguir siendo egoísta, seguir mirando al otro sexo como el instrumento que me calma los instintos, seguir mirando a la otra persona como alguien que se sirve y de quien me aprovecho.
Pecar es dejarme utilizar.
Pecar e s renunciar a SER MÁS.

Hay en el corazón de todo ser humano un grito, un anhelo, un llamado.
Es un llamado al amor, a escuchar el clamor de los que sufren tanto o más que yo.

Cuando digo NO a ese llamado, cuando decido hacer mi vida por caminos diferentes, por los caminos cómodos del ambiente y de mediocridad, cuando decido “ser como todo el mundo”, aprovecharme de los otros “como todo el mundo”, ignorar a los que sufren “como todo el mundo”, cuando eso hago, fracaso, fallo, peco.

Pecar es decir NO a un proyecto de vida y amor.
Por eso hoy tengo que reconocer que he pecado muchas veces. No por faltar a unas normas, ni a los mandamientos, sino porque muchas veces he construido mi vida sin reflexionarla, negándome a asumir una vida profunda.
Pecar es construir la vida de una forma falsa.

Llamado al amor, prefiero el rencor o el decir “yo con tal persona no me trato nunca más”.

Llamado al encuentro íntimo en el amor de pareja, prefiero dominar a la otra persona, hacerla depender de mí, de mis gustos, de mis caprichos, de mis celos, de mis necesidades de afecto.

Llamado a asumir la problemática familiar, prefiero huir, echarle la culpa a todos, menos a mí mismo.

Llamado al compromiso con los pobres, prefiero ignorarlos, sentir que no son mi pueblo y desentenderme de la búsqueda de un mundo más justo.

Llamado a la libertad, me dejo fácilmente manipular por la moda, por la publicidad, por lo que los demás dicen de mí.

Cuando soy llamado al amor, a la plenitud, a la vida y opto por tomar el camino contrario, entonces decido pecar, decido fracasar, decido ser una pobre caricatura humana.

Con todo, no estoy abandonado, cada vez que caiga, en vez de seguir en el fango, en vez de lamentarme, puedo ponerme en pie, ir a gritarle a Dios mi dolor y pedir el perdón de todos a los que he hecho daño.

Ese perdón será ante todo, la fuerza para vivir una vida nueva; porque cuando Dios perdona, me vuelve a llamar, me vuelve a invitar al amor.




 












 



























Libre y Dispuesto

                                                     LIBRE Y DISPUESTO.

“ Al que recibe los Ejercicios mucho aprovecha entrar en ellos con gran animo y libertad, para que su divina Majestad, así de su persona como de todo lo que tiene, se sirva conforme a su santísima voluntad”   ( San Ignacio, Anotación Quinta)

                                        Comentario:



Volver a la soledad y al silencio, cuando uno esta asediado constantemente por el ruido y el estrepito, cuesta aunque uno internamente lo desee. Tenemos miedo al silencio y a la soledad, cuando en verdad estamos solos. Y es allí, en ese creador silencio donde aparece la “originalidad”. Es el silencio de María ante las dudas de José, es el silencio de Jesús en el desierto, es el silencio de Jesús ante las preguntas de Herodes… Y en esa soledad y silencio es donde se comienza a caminar de la superficialidad a la hondura de Dios, de nosotros mismos, de los demás, del mundo.

Ese “apartarme” de todo quiere Ignacio que vaya acompañado de un gran “ animo y liberalidad “, es decir de una incondicional disposición”. ¿ Para que? Para lo que Dios tu Creador y Señor , decida sobre tu vida. Es una elección hecha por El, que tu tienes que descubrir, aceptar y seguir, sabiendo que en ello se va tu felicidad. Sera responder de un modo valiente y fuerte a la siguiente pregunta” ¿Qué quieres Señor, que haga aquí y ahora?

La respuesta se ira labrando durante todos los Ejercicios, pero me la tengo que plantear hoy con libertad y generosidad. Necesitare al comienzo relajarme interiormente, que significa desprenderse de las tensiones externas y de los nerviosismos, que me mantienen en pie desde fuera como una coraza pero ahogan la vida que nace dentro. Necesitare olvidarme de las urgencias y de lo que hay que hacer enseguida, la vida tiene su propio ritmo interno de desarrollo.

Necesitare abandonar las preocupaciones para encontrarme con la realidad inmediata de mi Hoy y mi Aquí. Necesitare olvidarme de lo que se y lo que quiero, ya que nuestras ideas y deseos bloquean con frecuencia lo mas puro y autentico de la realidad. Es hacerse como niños, que miran con sencillez, que aprenden porque saben que no saben, que aceptan con confianza el entorno, que aman y se dejan amar. Aho donde esta la fuente de la vida.
Sera importante abrirse sosegadamente al sentir internamente. No tener prisa por acabar lo que estamos haciendo, cada ejercicio tiene su tiempo: dejar que los sentimientos nos invadan, incluso cuando sea desolador. La vida es consuelo y desconsuelo. Nada hay pequeño cuando es real, es peligrosa la solemnidad y lo importante en la vida. La realidad no se nos da cuando nosotros queremos, hay que saber esperar.

Todo esto implica animo y liberalidad. Habrá que orar entonces, ya que la entrega de Dios, de Jesús, de los demás siempre es gracia, y surge a la hora que menos pensamos.
Estamos a punto para el tiempo y la hora, Señor, habla, Saber hacer la voluntad tuya, esta es la sabiduría moral, histórica aquí y ahora para mi, para este pueblo.