Elementos que pueden ser facilitadores para quienes deseen adentrarse en el mundo de los Ejercicios
sábado, 10 de enero de 2015
viernes, 9 de enero de 2015
primer momento
Jesús se dirigía a Dios como una criatura a
si padre,
Con la misma sencillez íntima, con el mismo abandono confiado.
( J
Jeremías) ( 1 día )
Desde
esta sencilla honda verdad que nos lleva a
sentirnos hijos/as y a reconocer a Dios como Padre iniciamos este
proceso de Ejercicios dejándonos llevar por la oración que Jesús nos enseñó y
por la experiencia de Ignacio de Loyola.
Orar
es poner en ejercicio nuestra fe, es entrar en relación con un Tú que me
desvela mi identidad. Orar me va capacitando para ser una persona atenta,
contemplativa, receptiva, que acaricia, que toca suavemente, que admira y
adora. Se trata de entrar en otro rimo
de tiempo, de dar un nuevo si a Dios en nuestra vida.
La
propuesta para este primer día es orar el encuentro con Jesús con un personaje
del Nuevo testamento, y de la mano de este encuentro ir siendo conscientes de
cómo estoy hoy en mi relación con Dios.
Preparación : Me dispongo y dedico unos minutos a relajarme y tomar
conciencia de la presencia del Señor en este tiempo de oración que ahora
inicio.
Petición : “Señor
pon en mi deseos de ti, para que deseándote, pueda mejor buscarte y
encontrarme contigo.”
Encuentro con Zaqueo ( Hoy quiero hospedarme en tu casa ) Luc. 19.1-10
Trataba de ver quien era Jesús pero no
podía a causa de la gente (V.3)
·
En estos momentos de mi vida cuando me acerco
para ver a
Jesús, cuando El pasa por mi vida: ¿ Qué escucho?.... ¿ Qué veo? ¿ Cual es mi actitud?
Jesús, cuando El pasa por mi vida: ¿ Qué escucho?.... ¿ Qué veo? ¿ Cual es mi actitud?
·
Que impedimentos Exteriores hay en mi que
dificultan este encuentro?
Situaciones…
Preocupaciones…personas
¿Qué me
impide hacer silencio?
¿Que ocupa y preocupa a mi corazón y mi mente en este
momento…?
·
¿Que impedimentos Interiores hay en mi?... temores,
dudas, resistencias.
Era bajo de estatura ( v.3)
·
Sentir y conocer nuestra pobreza, es conocer
nuestra capacidad de recibir, reconocer que somos bajos de estatura, pequeños,
pobres.
Frente a nuestra pobreza la iniciativa siempre es de Jesús,
abrirme interiormente y dejarme encontrar.
¿Quieres ponerte sano? Jn.5.1-9
Petición : Pon en mi deseos de Ti, para
que deseándote, pueda mejor buscarte y
encontrarme contigo.
Leo
atentamente Juan 5,1-9, tratando de imaginar la escena, las personas que toman
parte en ella, lo que dicen y como se encuentran.
“Había muchos enfermos, ciegos, cojos y
paralíticos “ ( v 3 )
Era
fiesta en Jerusalén y había celebración, vida , alegría por las calles. Jesús
va a la piscina llena de enfermos. Chocante una vez mas la actitud de Jesús,
como quiere de veras y se preocupa en medio de esta realidad de los más
enfermos.
Miro
mi interior y también corporalmente
·
¿me siento enfermo/a ante ese Jesús que está
cerca?
·
¿Enferma/o de qué? ¿ Qué necesito en mi vida?
·
¿Qué me falta para ser feliz? ¿De qué careces
que no puedes dar?
Jesús le vio y le dijo “ ¿Quieres sanarte?”
( v.6)
También
El se acerca hoy a ti y te pregunta ¿Quieres sanarte? ¿ Qué respondes a esto?
Jesús le dijo “ Toma tu camilla y anda “ (
v 8 )
Jesús
sanó a aquel hombre que llevaba 38 años esperando. Algo vio en él que otros no
habían visto, pues nadie le había ayudado a tirarse al gua.
¿ Que crees que ve Jesús en ti? ¿ Que ves
tú en tu interior?
Dame de
beber ( Jn 4.1-12 )
Preparación : leo
en el Evangelio este relato del encuentro de deseos, el de la mujer que busca
un agua que sacie y el de Jesús que quiere encontrarse con ella.
Petición : “ Pon en mí deseos de Ti para que deseándote
pueda mejor buscarte y
encontrarme contigo “.
“Dame de beber “ (v
7)
El toma la iniciativa, sin mediar otras palabras. Va
directo, saltándose convencionalismos sociales y la distancia cultural entre
los samaritanos y los judíos, que por desprecio no trataban con ellos.
Así sucede en nuestra vida, Dios toma la iniciativa. Nos
acompaña desde siempre, nos creó y nos acompaña en nuestro crecimiento para
invitarnos a entrar en su vida.
·
Repaso los momentos en los que Jesús ha ido
saliendo al paso de mi historia.
·
Momentos en los que he sido invitado/a momentos
de presencias y encuentros.
·
Me detengo en los que me parecen más
importantes.
“SI conocieras quien te habla… tú le habrías
pedido de beber “ ( v 10).
Nuestra vida tiene de este diálogo cruzado entre dos aguas
que tardan en mezclarse, diálogo de sed y deseos entre lo divino y lo humano.
Nuestra vida es lucha interior, colisión entre lo humano que
se resiste y lo divino que nos gana.
Dios es tenaz y nos busca para llevarnos al desierto y
hablarnos al corazón (Os. 2.16)
¿Pido también yo lo
que Dios me ofrece?
¿ Se lo que El me está
ofreciendo?
¿ Qué necesidades sin
cubrir o vacíos internos – límites, fracasos, miedos, soledades, siento me
hacen sufrir o me paralizan a cada paso?
Examen de mi oración
Salmo el silencio
SALMO DEL SILENCIO
Aquí estoy Señor, como un grano de
arena en el desierto.
Aquí estoy Señor, a pie descalzo en
tu espera.
Aquí estoy Señor, con el corazón
abierto a la escucha.
Aquí estoy Señor, buscando paz en tu
respuesta.
Aquí estoy como el corazón de María,
La Virgen
De par en par mi puerta y ventana
abierta
Para que el sol de tu ser se haga
fecundo
Y penetre mi hogar con tu presencia.
Aquí estoy Señor Jesús, sin túnica
de palabras,
Solo y desnudo como una flor en la
estepa.
Quiero estarme junto a ti, sentado a
tus pies
Sin pensar, ni buscar, sensible al
que llega.
Quiero hacer escucha de mi corazón
aturdido
Quiero escoger la mejor parte que
aún me queda.
Quiero estarme en gratitud contigo,
aquí y ahora
Atento a tu palabra entero y presente
en ella
Quiero unificar mi ser y ser en tu
Ser, Jesús,
Y poner en tus manos el pan y el pez
de mi cesta.
Quiero unir mi vida con la tuya,
Señor del alba,
Al rescoldo de las brasas, después
de la fatigosa pesca.
Tú eres Jesús, la última Palabra, la
mejor Palabra.
Acogida en el silencio de una dura
experiencia,
Tú eres la música callada que
enamora al hombre
en la cena sabrosa de la interior
bodega.
Tú eres, Jesús, Buena Noticia, que
alegra el corazón
Y que levanta el vuelo en la
búsqueda de estrellas.
Tú eres como el silencio de las
noches frías
que gota a gota empapa la tierra
seca.
Tú eres como la nieve que cae de
puntillas
y estremece y arropa a la frágil
hierba.
Quiero dejar el ruido que me aturde
y me esclaviza
Quiero cortar las amarras que mi libertad
cercan.
Quiero desasirme de los lazos que me
atan.
Quiero la luz de tu evangelio que ilumine
mi ser despierto y lo arranque de la
noche ciega.
Aquí estoy, Señor, lleno de ruidos.
Quiero silencio
Para escuchar tu Palabra desde el
corazón que anhela
Volver de nuevo al origen al paraíso
Y al caer la tarde encontrarme en tu
presencia.
Salmo de búsqueda
SALMO DE BÚSQUEDA
Mi corazón, Señor, se siente insatisfecho. Yo busco libertad y amor;
busco verdad y belleza; busco la paz y la justicia…y mi corazón no te
encuentra.
Como busca la cierva el agua cristalina así mi alma te busca a ti, Dios
mío.
Mi corazón tiene sed de ti, Dios vivo; ¿cuándo serás tú mi verdad y
belleza, mi libertad y mi paz?
Yo te busco con sinceridad y pasión, con dolor y cansancio, y muchas
veces me quedo solo, como un chopo en el camino. Y leo en el rostro de los
hombres como un desafío: “¿Dónde está tu Dios?”.
Recuerdo cuando era niño y mi corazón llegaba hasta ti como la ola a la
playa. Recuerdo cuando mi corazón era puro y cantos de júbilo y fiesta se
levantaban desde dentro de mí hacia ti.
Y ahora, Señor, quiero desahogarme y no puedo, mi corazón se angustia;
me siento turbado. He perdido la paz, y la alegría no me acompaña. No puedo
decir de verdad: soy feliz. Con todo, yo espero en ti.
Tú volverás a ser el manantial de mi vida y mi corazón volverá a
sentirse cercano.
Tú eres, aún en la tiniebla, la luz de mi rostro, Señor. Caminaré de
día hacia ti,
buscando tu misericordia. Y de noche, cuando todo parece que ha muerto,
te cantaré en mi corazón como el Dios de mi vida.
Señor, Dios mío, ¿por qué parece que me olvidas? ¿Por qué ando triste,
angustiado,
queriendo buscar en otras cosas la felicidad para mis días?
Aunque te busque a veces solo, aunque me sienta fatigado en la
búsqueda,
aunque los otros pasen indiferentes a mi lado, aunque se rían y me
griten diciendo: “¿Has encontrado ya a tu Dios? Dinos cómo es tu Dios”. aunque
me quede perdido en un inmenso desierto, Dios, Dios de mi salvación, seguiré buscando tu rostro.
Dame serenidad, dame tu paz, que en mi corazón y en mi mente haya
armonía,
unidad. No me dejes caer en la mentira y entramparme. No me dejes
disperso y perdido. Sálvame, Señor, del hombre sin conciencia, del hombre
violento y que ha perdido el sentido del bien.
Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta ti,
que eres el Origen de mi vida. Quiero
que tú seas mi morada, que seas el Dios de mi gozo y de mi alegría.
Te doy gracias con el corazón, Dios, Dios mío.
Señor, que mi corazón no se deprima ni se angustie. Señor, yo espero en
ti, pues eres mi Dios. Te busco sediento, como la cierva el manantial. Te busco
porque tú eres la Verdad de mi verdad, y el Amor de mi amor y la Belleza de mi
belleza, y la Libertad de mi libertad.
Te busco a ti, Señor de mi vida.
Las campanas del templo
LAS CAMPANAS DEL TEMPLO
El templo había estado sobre la isla, dos millas mar
adentro.
Tenía un millar de campanas.
Grandes y pequeñas campanas labradas por los mejores
artesanos del mundo.
Cuando soplaba el viento o arreciaba la tormenta, todas las campanas
del templo replicaban al unísono, produciendo una sinfonía que arrebataba a
cuantos escuchaban.
Pero al cabo de los siglos, la isla se había hundido en el
mar y, con ella, el templo y sus campanas.
Una antigua tradición afirmaba que las campanas seguían
replicando sin cesar y que cualquiera que escuchara atentamente podría oírlas.
Movido por esta tradición un joven recorrió miles de
millas, decidido a escuchar aquellas
campanas.
Estuvo sentado durante días en la orilla, frente al lugar en
que en otro tiempo se había hundido el
templo, y escuchó, y escuchó con toda atención. Pero lo único que oía era el
ruido de las olas al romper contra la orilla. Hizo todos los esfuerzos posibles
por alejar de si el ruido de las olas, a objeto de oír las campanas. Pero todo
fue en vano; el ruido del mar parecía inundar el universo.
Persistió en su empeño durante semanas. Cuando le invadió el
desaliento, tuvo ocasión de escuchar a los sabios de la aldea, que hablaban con
unción de la leyenda de las campanas del templo y de quienes las habían oído y
certificaban lo fundado de la leyenda. Su corazón ardía en llamas al escuchar
aquellas palabras… para retomar el desaliento cuando, tras nuevas semanas de
esfuerzo no obtuvo ningún resultado. Por fin decidió desistir de su intento.
Tal vez él no estaba destinado a ser uno de aquellos seres afortunados a
quienes les era dado oír las campanas. O tal vez no fuera cierta la leyenda.
Regresaría a su casa y reconocería su fracaso. Era su último
día en el lugar y decidió acudir a una última vez a su observatorio, para decir
adiós al mar, al cielo, al viento y a los cocoteros. Se tendió en la arena,
contemplando el cielo y escuchando el sonido del mar.
Aquel día no opuso resistencia a dicho sonido, sino que, por
el contrario, se entregó a él y descubrió que el bramido de las olas era un
sonido realmente dulce y agradable. Pronto quedó tan absorto en aquel sonido
que apenas era consciente de sí mismo. Tan profundo era el silencio que
producía en su corazón…
¡Y en medio de aquel silencio le oyó! El tañido de una
campanilla, seguido por el de otra, y otras y otras…y enseguida todas y cada
una gloriosa armonía, y su corazón se vio transportado de asombro y alegría.
Si deseas escuchar las campanas del templo, escucha el
sonido del mar.
Si deseas ver a Dios, mira atentamente la creación. No la
rechaces; no reflexiones sobre ella, simplemente, mírala.
ANTHONY DE MELLO
s.j. “EL CANTO DEL PÁJARO”
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