SALMO DEL SILENCIO
Aquí estoy Señor, como un grano de
arena en el desierto.
Aquí estoy Señor, a pie descalzo en
tu espera.
Aquí estoy Señor, con el corazón
abierto a la escucha.
Aquí estoy Señor, buscando paz en tu
respuesta.
Aquí estoy como el corazón de María,
La Virgen
De par en par mi puerta y ventana
abierta
Para que el sol de tu ser se haga
fecundo
Y penetre mi hogar con tu presencia.
Aquí estoy Señor Jesús, sin túnica
de palabras,
Solo y desnudo como una flor en la
estepa.
Quiero estarme junto a ti, sentado a
tus pies
Sin pensar, ni buscar, sensible al
que llega.
Quiero hacer escucha de mi corazón
aturdido
Quiero escoger la mejor parte que
aún me queda.
Quiero estarme en gratitud contigo,
aquí y ahora
Atento a tu palabra entero y presente
en ella
Quiero unificar mi ser y ser en tu
Ser, Jesús,
Y poner en tus manos el pan y el pez
de mi cesta.
Quiero unir mi vida con la tuya,
Señor del alba,
Al rescoldo de las brasas, después
de la fatigosa pesca.
Tú eres Jesús, la última Palabra, la
mejor Palabra.
Acogida en el silencio de una dura
experiencia,
Tú eres la música callada que
enamora al hombre
en la cena sabrosa de la interior
bodega.
Tú eres, Jesús, Buena Noticia, que
alegra el corazón
Y que levanta el vuelo en la
búsqueda de estrellas.
Tú eres como el silencio de las
noches frías
que gota a gota empapa la tierra
seca.
Tú eres como la nieve que cae de
puntillas
y estremece y arropa a la frágil
hierba.
Quiero dejar el ruido que me aturde
y me esclaviza
Quiero cortar las amarras que mi libertad
cercan.
Quiero desasirme de los lazos que me
atan.
Quiero la luz de tu evangelio que ilumine
mi ser despierto y lo arranque de la
noche ciega.
Aquí estoy, Señor, lleno de ruidos.
Quiero silencio
Para escuchar tu Palabra desde el
corazón que anhela
Volver de nuevo al origen al paraíso
Y al caer la tarde encontrarme en tu
presencia.

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