viernes, 9 de enero de 2015

Salmo el silencio


           SALMO DEL SILENCIO

Aquí estoy Señor, como un grano de arena en el desierto.
Aquí estoy Señor, a pie descalzo en tu espera.
Aquí estoy Señor, con el corazón abierto a la escucha.
Aquí estoy Señor, buscando paz en tu respuesta.
Aquí estoy como el corazón de María, La Virgen
De par en par mi puerta y ventana abierta
Para que el sol de tu ser se haga fecundo
Y penetre mi hogar con tu presencia.
Aquí estoy Señor Jesús, sin túnica de palabras,
Solo y desnudo como una flor en la estepa.

Quiero estarme junto a ti, sentado a tus pies
Sin pensar, ni buscar, sensible al que llega.
Quiero hacer escucha de mi corazón aturdido
Quiero escoger la mejor parte que aún me queda.
Quiero estarme en gratitud contigo, aquí y ahora
Atento a tu palabra entero y presente en ella
Quiero unificar mi ser y ser en tu Ser, Jesús,
Y poner en tus manos el pan y el pez de mi cesta.
Quiero unir mi vida con la tuya, Señor del alba,
Al rescoldo de las brasas, después de la fatigosa pesca.

Tú eres Jesús, la última Palabra, la mejor Palabra.
Acogida en el silencio de una dura experiencia,
Tú eres la música callada que enamora al hombre

en la cena sabrosa de la interior bodega.
Tú eres, Jesús, Buena Noticia, que alegra el corazón
Y que levanta el vuelo en la búsqueda de estrellas.
Tú eres como el silencio de las noches frías
que gota a gota empapa la tierra seca.
Tú eres como la nieve que cae de puntillas
y estremece y arropa a la frágil hierba.

Quiero dejar el ruido que me aturde y me esclaviza
Quiero cortar las amarras que mi libertad cercan.
Quiero desasirme de los lazos que me atan.
Quiero la luz  de tu evangelio que ilumine
mi ser despierto y lo arranque de la noche ciega.
Aquí estoy, Señor, lleno de ruidos. Quiero silencio
Para escuchar tu Palabra desde el corazón que anhela
Volver de nuevo al origen al paraíso
Y al caer la tarde encontrarme en tu presencia.




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