Plegaria de las
bienaventuranzas.
Sentados en
la montaña, dejabas caer palabras últimas, como renacido decálogo
neotestamentario.
Hoy, Señor
Jesús, Cristo de la verdad, de la luz y del amor,
me acerco a esa montaña
magistral
para escucharte y dar vueltas a tus palabras en mi corazón.
-Temo una
pobreza sin subterfugios,porque no comprendo la riqueza de la donación…
-Miro con
recelo toda aflicción, pero es que no experimento la serenidad del consuelo…
-Soy
violento, hombre de espada y golpe bajo, y así… ¿pienso alcanzar un lugar digno
en la tierra?...
-Hambre y sed
de justicia me dan pánico;entonces no me siento saciado, al revés, vacío..
-Soy duro,
inmisericorde, intransigente,y, sin embargo, exijo toda la misericordia para
mí…
-¿Conozco la
auténtica sinceridad de corazón?¿Por qué, pues, me quejo de no descubrir a
Dios?...
-Me da miedo
ponerme a trabajar por la paz,pero deseo llamarme, sin motivo, “hijo de Dios”…
-Nadie me
persigue por mi fidelidad radical,y así me siento poseedor del reino de Dios…
-¿Me
persiguen, insultan y calumnian por tu causa?¿Cómo, pues, miro hacia adelante
satisfecho?...
Estos
“criterios de dicha”, Señor Jesús,no son para el más allá, como se piensa;
son para el
más aquí (como tú querías).
Son para existir según tu propia mentalidad.
Son los
criterios evangélicos.
Son tu persona hecha palabra.
Te pido
pobreza enriquecida.Te pido aflicción consolada.
Te pido
pacificar la tierra para heredarla.
Hambre y sed de justicia te pido, para ser
saciado.
Te pido ser
misericordioso para alcanzar misericordia.
Déjame ser sincero de corazón porque
deseo ver a Dios.
Haz que
trabaje por la paz, para llamarme “hijo de Dios”.
Te pido valentía para que me
persigan por la fidelidad y así poseer el reino de Dios.
Que soporte
insulto, persecución y calumnia por tu nombre,
para tener una gloria donde encontrarme contigo.
Señor Jesús,
Cristo magistral del monte bienaventurado, imprime estos “criterios de dicha”
en mí.
Permite que
descubra la satisfacción del riesgo,que es la única actitud válidamente
cristiana.
Haz que toda
la vida, aunque me cueste, me siente en la falda de la montaña,
ponga mis
ojos en tus ojos y escuche tus palabras, palabras de vida eterna.
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